...Llegar, bajar del coche
y la calle muda, y tranquila, y sin vida.
Yo solo, dueño del alquitrán negro
que ahoga el asfalto que piso,
atrapando miles de historias, miles de accidentes,
miles de victorias que no refieren a la mía.
¿Lo hueles? Es viento de tormenta,
como si llegara des del mismísimo mar,
ahora oscuro y aplastante,
el mar que toda la verdad tiene
y que al final te muestra.
Un molinillo de viento, errante
de un niño, errante de colores,
gira revolucionado, gira a siniestro,
también solo, dos balcones a la derecha.
En mi mano una guitarra.
¿O una ametralladora con la que sembrar el terror?
Es una guitarra, joder, con la que poder sembrar el amor,
amor que es flujo de este corazón,
roto por sus propias heridas,
que no cierran y supuran el dolor.
Es la guitarra que no ha sido tocada,
esta noche.
Antes de adentrarme, un bloc de notas,
un boli, un paquete de galletas príncipe
y un estómago por saciar,
lleno de pipas de cáscara perdida.
Hora de adentrarse, un pasillo oscuro,
un final más oscuro aún, un pijama
y un sitio donde soñar un sueño
sobre una vida que no es vivida.
sobre una vida que no es vivida.
En el sueño, apareces tú,
aparece el ángel, un ángel con las mayores alas,
un ángel que cada noche brilla un poco menos,
un ángel que cada noche está más lejos.
Tengo miedo de lo que sucederá mañana,
por suerte me he tomado una lata de "Neutrina de Colores"...